Lo que no te dicen cuando empiezas un tratamiento de fertilidad

El día que llegas, te sientas frente a tu doctor y escuchas con toda claridad:
“Creo que es momento de intentar con un tratamiento de fertilidad”,
hay algo dentro de ti que se mueve por completo.

Es una frase que no esperas escuchar.
Y, en ese momento, puedes sentirte llena de dudas, frustración y con cero claridad sobre lo que sigue.

De pronto empiezas a escuchar términos que antes parecían lejanos: coito programado, inseminación artificial, IVF.
Y entonces llega la primera gran decisión: entender por dónde empezar y qué camino tomar.

Pero hay algo que pocas veces te dicen con honestidad:
empezar un tratamiento de fertilidad no es solo un proceso médico, también es un proceso mental y emocional.

No solo vas a consultas.
Vas cargando expectativas, miedo, cansancio y una presión que muchas veces nadie más ve.

Llegas con ilusión, pensando:
“ahora sí, esta puede ser la buena.”
Pero conforme avanzas, tu cabeza también empieza a llenarse de otras preguntas y preocupaciones:

¿Qué más puedo hacer?
¿Me tengo que llevar mi hielera porque me toca inyectarme?
A este viaje no voy a poder ir porque coincide con mi fecha tentativa de transferencia.

Nadie te dice que, cuando empiezas un tratamiento, tu vida poco a poco empieza a girar alrededor de todo esto.
Tus tiempos cambian. Tus planes cambian. Tu cuerpo cambia. Y también cambia tu manera de habitar el día a día.

Tampoco te dicen que puede ser un camino profundamente solitario.

Muchas veces, las personas a tu alrededor no logran entender del todo lo que estás viviendo y, en su intento por ayudarte, terminan diciéndote frases como:
“Relájate y vas a ver que pega.”

Pero la realidad va mucho más allá de eso.

No se trata de mantenerte positiva todo el tiempo.
No se trata de obligarte a tener esperanza a tope todos los días.
Se trata de encontrar un equilibrio dentro del caos.
De buscar aquello que te ayuda a sostenerte emocionalmente en medio del proceso.
De construir una red de apoyo que te acompañe, que te escuche y que no minimice lo que estás sintiendo.

Porque mientras tú estás atravesando inyecciones, citas, espera, miedo e incertidumbre, la vida a tu alrededor sigue.
Y aprender a vivir eso sin sentirte sola también forma parte del camino.

Hablar de tratamientos de fertilidad no debería limitarse a protocolos, estudios y porcentajes.
También tendríamos que hablar de lo que pasa por dentro: del desgaste emocional, de la ansiedad, de la esperanza, de la frustración y del duelo que a veces aparece incluso antes de una pérdida. Porque sí: empezar un tratamiento de fertilidad mueve mucho más que el cuerpo.
Te mueve el corazón, la mente, la relación contigo misma y, muchas veces, también con los demás.

3 cosas que a mí me funcionaron al empezar un tratamiento de fertilidad

1. Aclarar siempre mis dudas con mi doctor
Sí, aunque a veces sintiera que sonaba como disco rayado. Entender lo que estaba pasando, preguntar una y otra vez y sentirme más clara sobre cada paso me ayudó a vivir el proceso con un poco más de calma.

2. Tener una red de apoyo, aunque fuera chiquita
No necesitaba que fueran muchas personas, pero sí que fueran las correctas. Gente que estuviera para mí —o para nosotros—, que escuchara, acompañara y no minimizara lo que estábamos viviendo.

3. Encontrar eso que me hacía feliz
Caminar escuchando música, leer un libro, meditar cinco minutos al día, salir a tomar aire o cualquier cosa que me ayudara a regresar a mí. En medio de un proceso tan demandante, encontrar pequeños momentos de bienestar también se vuelve una forma de sostenerte.

Share
Your Bag
Shop cart Your Bag is Empty